20 noviembre, 2010

¡Pa´Choroní por fin!


Se acercaba un fin de semana largo por el feriado del 1 de mayo y conversando en la oficina surgió la idea: ¡vámonos para Margarita!. Comenzamos a averiguar costos de pasajes en avión y ferry, dónde quedarnos y cuánto dinero teníamos disponible. La persona encargada de averiguar presentó un plan B y por ese fue que nos decidimos: Choroní.

¿Has ido a Choroní? Esa fue la primera pregunta. "No, pero quisiera" fue mi respuesta. La amiga fue la encargada de planificar el viaje por conocer las posadas y cómo hacer el recorrido en autobús. Un día llegó con una lista de opciones de hospedaje, cosa para nada difícil en un pueblo que es una gran posada, ya que su principal actividad comercial es el turismo.

Planificamos irnos el viernes al salir del trabajo. Con maletas en mano nos fuimos al terminal de La Bandera con la absurda esperanza de conseguir autobús, pero lo que encontramos fueron las enormes colas de gente huyendo de Caracas. Optamos por irnos en taxi, pasamos la noche en Cagua y al día siguiente continuamos el camino, tomamos un taxi hasta Maracay para llegar más rápido al terminal y no encontrar tanta gente.

De nuevo la ruta atravesando el Parque Nacional Henry Pittier, esta vez en un autobús colorido. El verde y el aire un poco más puro a medida que subiamos, pero a pesar del paisaje, las curvas hicieron estragos y algunos comenzaron con las náuseas, incluida yo. Después de una hora al fin llegamos a Puerto Colombia. Resolvimos quedarnos allí porque está más cerca de la playa. Choroní está antes a unos 10 minutos de camino.

Caminamos desde el terminal de Puerto Colombia hasta la posada Riqui Riqui. Nos cambiamos y nos fuimos a la Playa Grande enseguida. Hicimos una parada en la licorería, compramos bebidas y pasapalos y caminamos a la playa. Afortunadamente es gigante, porque habían muchas personas. Pasamos el día allí entre el agua y la arena, conversando y mirando el paisaje.

En la noche el hambre nos atacaba y no escatimamos en comer platos marinos. Asopado de mariscos, arroz a la marinera y atún desfilaron por la mesa. Es importante aclarar que hay que tener muchísima hambre para comerse todo o estar conciente de compartir para evitar malestar estomacal. Luego de la comida caminamos por el malecon para comprar algunas cositas a los artesanos que suelen apostarse en temporadas de muchedumbre playera.

Al día siguiente caminamos al malecón para tomar la lancha que nos llevaría a Cepe. Aferrados fuertemente a la lancha intentábamos acrobacias para captar algunas imagenes con la cámara. Es realmente difícil esto, el oleaje lo impide. Pero a pesar de ello logramos hacer algunas fotografías. Pasamos el día en Cepe, la playa es más pequeña y corre una brisa fuerte.

En la noche, mientras los visitantes rumbeaban en "El Pescadito", la discoteca local, nosotros cenamos y después un vinito y conversación de sobremesa en la posada. A dormir profundamente para regresar al día siguiente. Por supuesto, antes de regresar a Caracas aprovechamos para dar una vuelta por el pueblo, desayunar y comprar algunas cosas. Después a armarnos de paciencia para hacer la enorme cola de regreso. Pasaban las horas y no veíamos el momento de subirnos a un autobús, por lo tanto comenzó la "persecusión" de taxis.

Logramos conseguir alguien que nos llevara hasta Maracay. Nos dejó en el Centro Comercial Las Delicias. Allí comimos y tomamos otro taxi hasta el terminal, seguros de no encontrar autobús para Caracas. Optamos por otro taxi. El regreso fue largo y lluvioso, pero pisamos Caracas con la energía renovada por el descanso.

Este es un lugar mágico para regresar con más calma y apreciar el atardecer desde el mirador, visitar otras playas como La Ciénaga y Chuao, caminar por Choroní e ir al tan mencionado "Pescaíto", la discoteca del pueblo.

Choroní: fundado en 1616 y en 1622 fue oficializado como pueblo, bajo el nombre de San Francisco de Paula por el teniente Don Pedro Gutiérrez. Con el tiempo el pueblo pasa a llamarse Santa Clara Asís y en 1964 es llamado Santa Clara del Valle de Choroní.

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