30 junio, 2012

"Barcelona! It was the first time that we met"

La canción interpretada por Freddy Mercury y Montserrat Caballé en las olimpiadas del año 92 me recuerda que la primera visita a Barcelona continuó con la oportunidad perdida de irnos de paseo con nuestra amiga guía a algún lugar fuera de la ciudad, que probablemente hubiese sido hacia Figueres donde está el Museo Dalí o al Monasterio de  Montserrat... ¿quién sabe? Lo cierto es que, por estar de dormilones, embarcamos a nuestros amigos y, ni modo, nos tocó hacer otra cosa.

Abrimos los ojos a las 3 de la tarde pensando que era de mañana todavía. ¡Que ilusos!  Nos arreglamos y salimos sin rumbo programado. " El 66" nos llevó, como todos los días, a Plaza Cataluña y, recordando que nos dijeron que la entrada a los museos era gratuita los domingos, tomamos rumbo Montjuic- ¡otra vez!- para ir al Museo de Arte de Cataluña. ¡Ups! estaban cerrando en el momento que llegamos.  Dada la situación, decidimos ir de nuevo al Estadio Olímpico para poder hacer las fotos. Vimos a muchas personas y mucho movimiento. Nos asomamos a curiosear y una pantalla anunció que se estaba celebrando el Campeonato de Espanya de Atletismo ...¡Ohh!  

Un señor amable se nos acercó y nos dijo:
- "¿Queréis entrar?"
Y muy modestos nosotros: 
- "No Señor, no se preocupe" 
Y el señor nuevamente:
-  "¡Tomen, tengo entradas, entren!" 
Y nosotros:
"¡Gracias Señor!
Y por dentro: "¡Ohhh no puede ser! 


En unos minutos este par de turistas estaba mirando  una de las competencias de atletismo más importantes, porque ese día elegían cuáles serían los representantes de España en el campeonato mundial que se haría en Berlín. ¡Wao!,  nunca había estado de espectadora en una competencia de atletismo. Nuestros ojos no hallaban hacia dónde mirar, porque todo sucedía simultáneamente. Por un lado el lanzamiento de jabalina, por otro el de bala y las carreras. 


Luego de las fotos y la risa por lo vivido, caminamos hacia la fuente de Montjuic para esperar que se hiciera la hora de la función. Oír "Barcelonaaaaa... vivaaaaa" y ver el movimiento del agua te eriza la piel. Por supuesto, fue registrado en video para el recuerdo y el anhelo de volver. 


El día siguiente nos encaminamos al Barrio Gótico para conocer un poco más este centro de cultura de la ciudad. Entre restaurantes, tiendas de recuerdos y diseño, galerías de arte y cafés, se nos fueron las horas hasta llegar a Plaza Cataluña para regresar a la residencia, descansar y al otro día irnos a la playa. Nos recomendaron la de Sitges, ciudad que queda a unos 45 minutos de Barcelona. Tomas el tren en el Passeig de Gracia y, tras túneles y breves miradas a casas con vista al mar, llegas a una vieja estación abierta que data de 1.881. Esta ciudad está repleta de tiendas, teatro y cine. Caminamos entre una playa y otra tratando de ubicar aquella que estuviese un poco menos concurrida, pero la que tenía menos gente era la nudista y desde allí, a medida que pasábamos cada playa, la gente aparecía más vestida y diversa. Lindo el Mediterráneo pero con toda honestidad reconozco que las playas venezolanas son mejores, agua cálida y más clara, verdaderos paraísos. 


Por supuesto, no podía faltar en nuestro recorrido la visita a la Librería Catalonia, que nos seducía cada vez que "el número 66" nos dejaba en la parada final. Tenía la intención de aprovechar para comprar muchos libros. Sin embargo, me llamó la atención  que en el Metro o autobuses veía a la gente instalada leyendo un libro titulado "Los hombres que no amaban a las mujeres" y al verlo en la librería, no lo dudé. El dilema fue ¿comprar los tres tomos que juntos pesan como 3 kilos? o ¿comprar sólo el primero?, ¿dónde los llevaría?, porque en la maleta no caben. No quedó otra alternativa que comprar sólo el primero y darle la oportunidad a otro libro de menor tamaño de regresar conmigo a Venezuela. Junto a ellos, un libro que compré en al estación de Getafe en un expendedor de libros, así como los de bebidas, pero de libros... ¡Wao! 


Ese día también decidimos comprar entradas para ir al Ballet de Moscú que presentaría la obra "Giselle" en el Teatro Tivoli. Simultáneamente el Bolshoi se presentaría en el Teatro Liceu, pero nuestro presupuesto no soportaba el costo, así que optamos por el primero. Igualmente, pensamos en regresar temprano a la residencia para usar la piscina, que no habíamos visitado en los días anteriores. 

Nuestra despedida de Barcelona transcurrió entre el Ballet, ir de tiendas, comida típica chilena en casa de amigos de nuestra amiga que, además, eran vecinos del Templo de la Sagrada Familia y desde cuyo apartamento se veía espectacular para las fotos. También hacer maletas para partir a Madrid al día siguiente. La tardanza en la salida y la pérdida del vuelo nos condujeron a comprar boletos para regresar en tren. Una experiencia que hay que vivir es un viaje en tren. Este duró un poco más de tres horas y nos pareció espectacular, además que nos aminoró la rabia por haber perdido unos euros.


Todavía una flor con olor a lavanda que me regalaron en una tienda de la Plaza Mayor de Madrid despide su olor del recuerdo de catorce días de sorpresas, lugares que quedaron en la lista, cielos azules que probablemente mi compañero de viaje vió de otro color, miedo por estar en un país distinto, compartir, disfrutar, comer, beber, conocer, admirar y vivir. A quienes no han ido les recomiendo visitar la Ciudad Condal y enamorarse de la cultura que destila. 

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