23 abril, 2011

Y cruzando el Atlántico... España

¿Cómo cambiar la ruta diaria al trabajo por un viaje a otro continente?

Por cosas de la vida dejé de trabajar y cuando llegó la pregunta "¿qué piensas hacer?" lo primero que se me vino a la cabeza fue la frase "quiero ir a Bogotá". Siempre he querido conocer esta ciudad colombiana y ante mis ojos estaba la oportunidad de hacerlo. En ese momento, quien me hizo la pregunta sólo me dijo: "¡pues espera que pida mis vacaciones y nos vamos!"

La mensajería instantánea, el correo electrónico, Internet y algunos cafés fueron los recursos para planificar tan ansiado viaje. Un día en el café Havanna del Centro Comercial San Ignacio mi compañero de aventura me propuso cambiar el rumbo a Europa. Ciudades iban y venían, escritas sobre una servilleta, tratando de armar un tour para unos quince días. En ese momento me dije "¿será que sí nos vamos?, pero ¿cómo hago si no cuento con una tarjeta de crédito?" Porque, gracias al disfrazado socialismo venezolano, es necesario disponer de una tarjeta de crédito para salir del país. Y yo no la tenía, por lo tanto, tendría que sumar a mi presupuesto la compra de moneda extranjera, lo cual me encarecía el viaje.

Entre una cosa y otra, continuamos firmes con nuestra idea. Mientras uno trabajaba la otra navegaba en búsqueda de ofertas de boletos y hoteles. Casi me convierto en una experta en esto de los viajes. Un día encuentro un maravilloso precio de boleto a Madrid, llamo a mi compañero de viaje, le cuento y ese fue el momento del ahora o nunca. Corrimos a la oficina de la línea aérea y con cierto temor, por ser la misma del embarque en mi viaje a Aruba y la poca seguridad que tenía de los euros, compramos los boletos.

Ni modo, con boleto en mano nos tocó correr con los preparativos. Un café en el Celarg fue el centro de operaciones para la reservación del hospedaje y compra de boletos internos, porque ya teníamos un itinerario ajustado a nuestro presupuesto: Caracas- Madrid- Barcelona- alguna otra ciudad que nos provocara- Madrid- Caracas. En ese instante la otra ciudad en nuestra mente era Oporto. Hicimos la gestión de compra de los boletos, pero por error en las fechas, perdimos la oportunidad y el dinero.  Sin entristecernos, continuamos con nuestros planes que, en mi caso, incluía organizar a quién le compraría los euros que necesitaría para cubrir mi estancia en el país. Pasaron los días y mi angustia crecía hasta el mismo día del viaje, 25 de Julio de 2009 a las 10:00 am cuando llegó tan ansiada moneda a mis manos. Estuve a punto de desistir de la idea, pero a última hora y corriendo logré montarme en el taxi rumbo al aeropuerto.

Llegamos unas tres horas antes de la salida. Nos chequeamos, respondimos a dos interrogatorios de autoridades venezolanas y pasamos a la sala de embarque. Una vez allí la espera estuvo acompañada del almuerzo, cafecito, Dutty Free, crucigramas, libros y hasta historias graciosas de otros viajeros, como aquella de una maleta con una cinta rosada cuyo dueño ecuatoriano no aparecía y que causó más retraso del estimado. Casi a las 7:00pm despegó nuestro avión, cuando ya caía la noche sobre Maiquetía.

Imaginando lo largo del viaje se me ocurrió llevar mi Scrabble Dados pero decidimos no seguir jugando porque con el escándalo comenzarían a mirarnos mal los vecinos. Dormimos y en la mitad de la noche me desperté con la inquietud de ir en un avión (era la primera vez que duraba tanto tiempo en uno) y pude ver o más bien imaginarme la altura al tener una limpia vista de la luna y las estrellas brillantes, como nunca te dejará ver la contaminación caraqueña.  Nuevamente me quedé dormida hasta que la inquietud y el hambre me despertaron. Ahora la vista desde el avión era el amanecer europeo, con el sol comenzando a brillar, coloreando el cielo entre rosado y amarillo. Sin duda, un imagen espectacular. A medida que avanzaba la mañana y disminuía la altura comenzamos a ver ciudades.

El desayuno llegaba, el café más horrible que me he tomado en la vida lo acompañaba, además de la emoción ante lo desconocido. En pocos minutos pisaríamos suelo español.

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