Hago un alto en los viajes para escribir sobre Caracas, justo en el día de cumpleaños de la ciudad, fundada hace 443 años con el nombre de Santiago de León de Caracas. Aquí nací y he vivido toda la vida.
La Caracas que recuerdo de niña era el escenario de paseos sus calles y parques los fines de semana. Se podría decir que hasta ahora la he conocido bastante, aunque aún descubro lugares. Calles recorridas con gusto o con disgusto, que me han permitido imaginar cómo era hace años. Ahora, lamentablemente, se ha convertido en una ciudad olvidada por sus habitantes. Atrás quedaron las casas de techos rojos, para dar paso a una ciudad cosmopolita, a la par de cualquiera del mundo, pero que ha desmejorado su imagen con el tiempo.
Para cualquier persona que quiera conocer la ciudad existen lugares interesantes -y algunos impelables- para visitar, como por ejemplo el casco histórico donde se encuentran la Plaza Bolívar, el Museo Sacro, la Casa Natal de Bolívar y el Museo Bolivariano, el Teatro Municipal y el Teatro Nacional (en restauración desde hace mucho tiempo), El Silencio, la Plaza O'Leary, el Palacio de Las Academias (primera sede de la Universidad Central de Venezuela), El Capitolio (actual sede de la Asamblea Nacional), el Palacio Municipal, la Casa Amarilla,el Panteón Nacional, la Quinta Anauco Arriba, la Casa de Estudio de la Historia de Venezuela Lorenzo A. Mendoza Quintero, entre otros patrimonios arquitectónicos que lo conforman. Igualmente, se pueden apreciar edificaciones religiosas como: la Catedral, la Basilica de Santa Teresa, la Iglesia de San Francisco, la Basílica Santa Capilla, la Mezquita Ibrahim Al-lbrahim, y más hacia el este la Sinagoga Tiféret Israel, por nombrar algunas.
Así mismo, es interesante recorrer las calles de La Candelaria, donde aún se encuentran huellas de las rutas del tranvía y los mejores restaurantes españoles y, cerca de allí, el espacio privilegiado de las artes, circuito formado por el Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez y el Museo de Los Niños en el Paseo Vargas; la Galería de Arte Nacional en su nueva sede en la Avenida México; el Museo de Bellas Artes y el Museo de Ciencias en la Plaza de Los Museos, entrada hacia el Parque Los Caobos; el Museo de Arte Contemporáneo y el Teatro Teresa Carreño, sitios que ofrecen la más variada oferta cultural a los caraqueños, aunque además el arte venezolano se puede disfrutar en calles, plazas, autopistas y en la Ciudad Universitaria- Universidad Central de Venezuela.
También están los edificios más altos de Caracas, las Torres de Parque Central, a las que nunca he ido y cuyos ascensores no tengo la intención de usar. Siguiendo hacia el este se encuentra el Jardín Botánico, lugar de esparcimiento y respiradero ante tanta contaminación, es el poco verde que se puede mirar entre tantos edificios. Más allá observamos la Plaza Venezuela, donde se encuentra una fuente que ilumina de colores los alrededores y, que el año pasado, recibió un cariño junto a importantes obras como Fisiocromía de Carlos Cruz-Diez y El Abra Solar de Alejandro Otero que alojadas en ese espacio.
En esta vista de Caracas no pueden faltar los parques, los lugares donde corrí y jugué y disfruté mucho más que los niños tecnológicos de ahora. El Parque del Este (ahora Francisco de Miranda), el Parque Zoológico de Caricuao, el Parque El Pinar y el Parque Los Chorros son lugares ideales para compartir con la naturaleza, respirar un poco de aire fresco, aunque actualmente se les haya olvidado tanto al Estado como a los visitantes su mantenimiento. Por supuesto, no se puede dejar de un lado al Ávila o Guaraira Repano, que se disfruta caminando por Sabas Nieves, rodando en 4x4 desde Cotiza para visitar la hacienda cafetalera de Los Venados o a través del teleférico para tener el privilegio de ver toda la ciudad y parte del Litoral desde 2200 metros de altura, así como acercarse a Galipán, el pueblo de "Pacheco" el de las flores.
Tomando la ruta hacia el este se encuentran los famosos "mall" como el Sambil o el Millenium para quienes disfrutan tropezar con miles de personas o el San Ignacio para aquellos llamados por la rumba cualquier día de la semana y, también se puede caminar con algo más de tranquilidad por las calles de Chacao, que ahora son espacios ganados para nuevas propuestas culturales como el evento "Por el medio de la calle", donde vecinos y visitantes pueden pasar un día diferente asistiendo a teatro de calle, apreciando el arte y la música entre Chacao y la Plaza Altamira.
Luego, es necesario desviarse hacia el sureste para visitar El Hatillo y escoger entre las múltiples opciones gastronómicas, para después dar una vuelta por las tiendas de artesanía y galerías de arte venezolano, además se tomar un tranvía hacia la Urbanización La Lagunita y apreciar otro de los pocos lugares verdes con los que contamos los caraqueños, así como contemplar la belleza de la Iglesia Ortodoxa Rumana de San Constantino y Santa Elena.
Tal como leen, Caracas tiene lo suyo, solo que muchos no se toman un minuto para darse cuenta de lo que hemos perdido y de lo que perderemos si no reaccionamos. Sólo nombré algunos lugares, pero estoy segura que pueden ser más los espacios para la contemplación citadina.
¡Feliz cumpleaños Caracas!
Así mismo, es interesante recorrer las calles de La Candelaria, donde aún se encuentran huellas de las rutas del tranvía y los mejores restaurantes españoles y, cerca de allí, el espacio privilegiado de las artes, circuito formado por el Museo de la Estampa y del Diseño Carlos Cruz-Diez y el Museo de Los Niños en el Paseo Vargas; la Galería de Arte Nacional en su nueva sede en la Avenida México; el Museo de Bellas Artes y el Museo de Ciencias en la Plaza de Los Museos, entrada hacia el Parque Los Caobos; el Museo de Arte Contemporáneo y el Teatro Teresa Carreño, sitios que ofrecen la más variada oferta cultural a los caraqueños, aunque además el arte venezolano se puede disfrutar en calles, plazas, autopistas y en la Ciudad Universitaria- Universidad Central de Venezuela.
También están los edificios más altos de Caracas, las Torres de Parque Central, a las que nunca he ido y cuyos ascensores no tengo la intención de usar. Siguiendo hacia el este se encuentra el Jardín Botánico, lugar de esparcimiento y respiradero ante tanta contaminación, es el poco verde que se puede mirar entre tantos edificios. Más allá observamos la Plaza Venezuela, donde se encuentra una fuente que ilumina de colores los alrededores y, que el año pasado, recibió un cariño junto a importantes obras como Fisiocromía de Carlos Cruz-Diez y El Abra Solar de Alejandro Otero que alojadas en ese espacio.
En esta vista de Caracas no pueden faltar los parques, los lugares donde corrí y jugué y disfruté mucho más que los niños tecnológicos de ahora. El Parque del Este (ahora Francisco de Miranda), el Parque Zoológico de Caricuao, el Parque El Pinar y el Parque Los Chorros son lugares ideales para compartir con la naturaleza, respirar un poco de aire fresco, aunque actualmente se les haya olvidado tanto al Estado como a los visitantes su mantenimiento. Por supuesto, no se puede dejar de un lado al Ávila o Guaraira Repano, que se disfruta caminando por Sabas Nieves, rodando en 4x4 desde Cotiza para visitar la hacienda cafetalera de Los Venados o a través del teleférico para tener el privilegio de ver toda la ciudad y parte del Litoral desde 2200 metros de altura, así como acercarse a Galipán, el pueblo de "Pacheco" el de las flores.
Tomando la ruta hacia el este se encuentran los famosos "mall" como el Sambil o el Millenium para quienes disfrutan tropezar con miles de personas o el San Ignacio para aquellos llamados por la rumba cualquier día de la semana y, también se puede caminar con algo más de tranquilidad por las calles de Chacao, que ahora son espacios ganados para nuevas propuestas culturales como el evento "Por el medio de la calle", donde vecinos y visitantes pueden pasar un día diferente asistiendo a teatro de calle, apreciando el arte y la música entre Chacao y la Plaza Altamira.
Luego, es necesario desviarse hacia el sureste para visitar El Hatillo y escoger entre las múltiples opciones gastronómicas, para después dar una vuelta por las tiendas de artesanía y galerías de arte venezolano, además se tomar un tranvía hacia la Urbanización La Lagunita y apreciar otro de los pocos lugares verdes con los que contamos los caraqueños, así como contemplar la belleza de la Iglesia Ortodoxa Rumana de San Constantino y Santa Elena.
Tal como leen, Caracas tiene lo suyo, solo que muchos no se toman un minuto para darse cuenta de lo que hemos perdido y de lo que perderemos si no reaccionamos. Sólo nombré algunos lugares, pero estoy segura que pueden ser más los espacios para la contemplación citadina.
¡Feliz cumpleaños Caracas!
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