11 diciembre, 2007

Remolino de pensamientos

Es así como podría llamarle a lo que pasa por mi cabeza cuando siento inestabilidad en algún plano de mi vida. ¡¡¡Es terrible!!! Sobretodo cuando el trabajo se trata de atender a personas con diversos intereses y problemas... ¡¡¡Es peor!!! Vamos a estar claros: hay días de días. Unos, sientes el mismo entusiasmo de cuando eras niña y llegaba tu cumpleaños o el 24 de diciembre. Otros, no quieres ni levantarte de la cama y poner tus pies en la realidad. Pero tienes que hacerlo así te pese. Y justamente ese día cualquier cosa sucede que: o te empeora o te golpea con fuerza para entender que hay personas con peores problemas que los tuyos, y que tus problemas son sólo inventos para darle sentido y emoción a tu vida. O resulta que en medio de aguas turbulentas, escuchas a lo lejos palabras que fueron dichas con el corazón en la mano, y cuando crees que recuperaste algo de tranquilidad, llegan como marejadas a remover todo nuevamente.

Sin embargo, en esos días es cuando necesitas a tu alrededor a la gente que no molesta. ¡Sí, señoras y señores!, parecieran existir personas en el mundo cuyo único objetivo en la vida es molestarte, bien sea porque les irrita tu felicidad o por hobby, pero que en el fondo están sumidos en la más absoluta soledad, y su manera de hacerse sentir es perjudicando a aquellos distraídos que se preocupan solo de vivir su vida.

En cambio, existen personas que de verdad y con todo el corazón te brindan palabras motivantes y desinteresadas y logran dibujar una sonrisa en tu cara, que te apoyan en momentos difíciles en los cuales no sabes qué hacer o qué decidir, a las que debieras abrirles las puertas y ayudarles cuando así lo necesiten. No se trata de dar y recibir a cambio algo material, pero sí tener la certeza de que recibirás el respeto de quien ayudas y que ayudarás porque así lo deseas y lo sientes. Tampoco se trata de tener a tu alrededor o conocer a una gran cantidad de personas y jactarte de eso, sino de la sinceridad que sólo te ofrecen las pocas y verdaderas amistades.

Por eso les digo, a pesar de las tormentas, siempre existirán ángeles que te salvarán y pondrán en sitio seguro. Yo tengo mis ángeles, y no quiero plasmar los nombres aqui, porque si no... ¡Ustedes se cansarán de leer este remolino de palabras!

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